La grasa del jamón ibérico: por qué es una de las más saludables que existen

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Una grasa que nunca se debe rechazar

Cuando hablamos de jamón ibérico, solemos asociar la grasa con algo que hay que apartar del plato. Nada más lejos de la realidad. Tanto por las largas caminatas del cerdo ibérico en libertad como por su predisposición genética, la grasa del cerdo ibérico se va infiltrando entre sus fibras musculares, creando esas vetas características que todos identificamos a simple vista.

Rechazar esta grasa a la hora de degustar un buen jamón ibérico de bellota sería, sencillamente, una aberración gastronómica. Es precisamente esa grasa infiltrada la que, al fundirse en la boca, libera los aromas que hacen del jamón ibérico un producto de sabor inconfundible e incomparable con cualquier otro embutido.

Bellota o pienso: la diferencia que lo cambia todo

No todos los jamones ibéricos son iguales, y lo que marca la diferencia es, sobre todo, la alimentación del cerdo. Existe una notable diferencia entre un cerdo ibérico alimentado con bellota y uno alimentado con piensos convencionales:

  • La hierba aporta al cerdo una gran cantidad de proteínas durante su crianza en libertad.
  • La bellota —procedente de la encina, el alcornoque o el roble— es su principal fuente de hidratos de carbono.
  • Esta alimentación natural es responsable de su riqueza en ácidos grasos monoinsaturados, especialmente el ácido oleico, con niveles que superan el 70%, similares a los del aceite de oliva virgen.

Ácido oleico: el mismo beneficio que el aceite de oliva

Este es, probablemente, el punto más interesante para cualquier amante de la buena gastronomía y de la alimentación saludable: el ácido oleico del jamón ibérico de bellota actúa de forma muy similar al del aceite de oliva. Facilita la producción de HDL, conocido como «colesterol bueno», y contribuye al mismo tiempo a reducir los niveles de LDL o «colesterol malo».

Además, la bellota es rica en antioxidantes naturales y en vitamina E, nutrientes que el cerdo incorpora de manera natural durante su alimentación y que después se trasladan directamente a la calidad del jamón curado.

Un valor nutricional que supera a la carne fresca

El resultado de todo este proceso natural —caminatas, bellota, tiempo de curación— es un producto con un valor nutricional excepcional:

  • Hasta un 50% más de proteínas que la carne fresca.
  • Alto contenido en hierro.
  • Elevada presencia de ácidos grasos monoinsaturados beneficiosos para la salud cardiovascular.

Por eso, cada vez más profesionales de la hostelería, la restauración y el sector HoReCa apuestan por incorporar jamón ibérico de bellota de calidad a su oferta gastronómica: no es solo un producto de sabor excepcional, es también una opción nutricionalmente inteligente para sus clientes.

Producto de calidad, garantía de sabor y salud

En Monserrat Almazán trabajamos cada día para que restaurantes, hoteles, cáterings y negocios de hostelería tengan acceso al mejor jamón ibérico y embutido artesano del mercado, seleccionado con criterios de calidad, trazabilidad y respeto por la forma tradicional de criar al cerdo ibérico. Porque una buena grasa, bien elegida, no es un defecto: es la diferencia entre un jamón correcto y un jamón extraordinario.